El drama de la docente Yanchap, de la comunidad nativa de Yankuntich, distrito de Morona en la provincia datem del Marañón, expone la histórica y cruel desatención del Estado hacia las poblaciones rurales y de frontera. Tras enfermar de gravedad, sus familiares se vieron obligados a caminar durante horas en medio de la selva, improvisando una camilla con una hamaca y un palo, con el único objetivo de cruzar la frontera hacia Ecuador para que pudiera recibir la atención médica urgente que su propio país le niega.
Este lamentable episodio desnuda la precariedad y las injustas condiciones que sufren los maestros rurales. A pesar de que mensualmente se les descuenta un porcentaje de sus salarios por concepto de seguro de salud, en sus zonas de labor no existen hospitales, personal ni medicamentos básicos. Mientras las políticas públicas siguen fallando y el erario nacional pierde miles de millones de soles debido a la corrupción, los ciudadanos de las zonas más vulnerables pagan el precio con sus propias vidas.
En el Día del Maestro, este caso no es un motivo de celebración, sino un llamado urgente a la reflexión y a la responsabilidad del Estado: dignificar la labor docente no es emitir un saludo protocolar, sino garantizarles el derecho fundamental a la salud y a la vida en los rincones más alejados de la patria.



